Apenas Martina entró al cuarto, Salvador se metió detrás.
—¡Marti!
—¿Qué haces?
Él le sujetó el brazo; ella se lo soltó sin dudar.
—¿Estás mal de la cabeza? —lo fulminó—. ¿Vuelves a desconfiar de mí, sí o no? ¿Crees que pasa algo con Vicente, sí o no?
—¿Entonces por qué a él sí le avisaste de tu graduación y a mí no? —Salvador no lo negó—. Salieron a celebrar… encima te compró un regalo. Y yo, tu marido, ni enterado.
—¿Avisarte? —Martina soltó una risa incrédula—. ¿De verdad tengo que decírtelo