—¿Mm? —Salvador apretó el brazo y la atrajo un poco más hacia su pecho; había un aviso silencioso en el gesto.
—Está bien —Martina tuvo que ceder. Les sonrió a los tres, pidiendo disculpas—. Me voy primero. La próxima yo invito.
—Va.
—Vayan, vayan.
Salvador la rodeó por la cintura y, al darse la vuelta, notó a Vicente: esos ojos parecían pegados a su esposa.
Afuera, ya en el auto, a Salvador se le cayó la máscara; el gesto, hundido. Condujo sin decir palabra. Martina le echó dos miradas de reojo