En otras palabras, lo de Luciana era puro sentido del deber. El corazón de una mujer, al fin, es un laberinto: imposible de leer del todo.
Pasadas las dos de la tarde, Luciana salió del Hospital UCM. Estos días solo estaba entrando a quirófano; el resto lo dejaron a cargo de sus residentes y del equipo. Todos sabían que Miguel Guzmán había fallecido, y se ofrecieron a cubrirla.
Ese día no había llevado auto; tendría que pedir taxi. Mientras esperaba en la esquina, un carro se detuvo frente a ell