La última vez que Luciana durmió en la Casa Guzmán había sido hace muchos años.
—Ay… —suspiró Amy a su espalda, avisándole que ya estaban listas las toallas—. Tantos años y aquí no cambió nada. Tus cosas siempre se quedaron colgadas… Los dos primeros años, el señor Alejandro ni soportaba oír tu nombre; luego se fue a vivir aparte, y aun así nadie se atrevió a tocar nada. Quedó todo tal cual.
Pasó la mano por la ropa del clóset.
—Aunque han pasado años, no pasaron de moda. Y tu talla no cambió; t