Daniel se quedó sin aire un segundo, incapaz de replicar.
—Vete —Alejandro lo miró frío—. Llévate a tu familia. Tómalo como el último gesto de buena voluntad hacia el abuelo.
No volvió a dirigirle la palabra. Se volvió hacia Sergio:
—Encárgate de aquí. Que nadie lo moleste.
—Sí, jefe.
***
Llegó el inevitable: los preparativos del funeral. Luciana llamó a Elena para que viniera por Alba; había demasiadas cosas que hacer y la niña no podía trasnochar. Cuando Luciana regresó al pasillo, Alejandro s