Por más que Alejandro dijera “borrón y cuenta nueva”, nadie estaba seguro de que fuera en serio. Si él, con sus conexiones, había logrado traer refuerzos de afuera, ¿no podría después pasar factura? Con el beneficio a la vista, más de uno pensaba que quizá convenía seguir apostando por los dos “nuevos Guzmán”.
Cuando Miguel llegó, el ambiente seguía empatado.
—Abuelo. —Alejandro salió del salón chico y, al verle el semblante, frunció aún más el ceño—. ¿Otra vez aquí? Le dije a Felipe que yo solo