Se sentó en el borde de la cama, observando cómo las pestañas de Luciana temblaban ligeramente. Fingía estar dormida.
—Luci, despierta.
—Mm... —murmuró, fingiendo que apenas despertaba, abriendo los ojos lentamente. Su mirada evitaba la de él, incapaz de enfrentarlo directamente.
Apretó los labios, pero no dijo nada.
—Ya que estás despierta, levántate. El abuelo nos espera para almorzar.
—Ah… —asintió Luciana, mirándolo de reojo. Como él no se movía, lo apresuró—. Necesito vestirme. ¡Sal!
Su ros