—Estar juntos toda la vida no significa no pelear —le tomó la mano—; hasta los dientes y la lengua se muerden, ¿cierto?
Midiendo el gesto de Martina, Salvador suavizó aún más la voz.
—Anoche estuve mal. Se me nubló la cabeza. Me dio celos… Vi a Quino y… no me controlé.
Al fin y al cabo, había sido el hombre que ella quiso tantos años.
Martina soltó una risita apenas audible, llena de ironía. ¿Él por Quino sí puede perder el control, pero ella tiene que tragarse todo? “Candil de la calle…”, pensó