Capítulo 1297
La caja guardaba un juego completo de rubíes.

El rubí era la piedra de la suerte de Martina, y su favorita. El peso de aquel conjunto —y de su precio— se le sentó en el pecho.

Además, había una nota.

La tomó. Antes de abrirla, ya presentía de quién era.

Acertó: letra de Vicente Mayo.

“Marti, abres una etapa nueva. Lamento no estar ahí.

Que encuentres a la persona justa, la que te construya una ciudad de alegría.

Marti, que seas feliz.”

No era larga, pero le humedeció los ojos. Más allá del desen
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