Martina no tuvo cómo rebatir.
—El muchacho se ve bien —dijo doña Laura, sin saber toda la historia—; es guapo y de buena familia… quizá demasiado buena.
La “compatibilidad de mundos” no es un capricho antiguo; a veces es puro sentido común.
—Pero —aflojó enseguida, para no cargarla—, mientras tú lo quieras y él te quiera, lo demás se acomoda. La vida la van a pasar ustedes dos.
Martina frunció el ceño.
—¿Te… gusta él, mamá?
—Sí —asintió—. Me parece un buen muchacho y, sobre todo, te trata bien.