Con la cuna y la formación de Salvador, caerle bien a cualquiera le resultaba fácil.
Martina guardó silencio; no había mucho que decir.
Después de la cena, doña Laura la llevó aparte a murmurarle:
—No sé por qué pelearon, y no voy a preguntar. Pero si él vino en persona a disculparse… ¿no puedes perdonarlo?
—Mamá… —Martina se encogió.
Lo suyo con Salvador no era algo que pudiera explicarse en dos frases.
—Él te trata muy bien —siguió Laura—. En una pareja no se puede ser caprichoso todo el tiemp