—¿Qué pasa? —Jael miró a Alejandro y después a Salva—. Con Ale ya entendemos… ¿y tú?
—Por la pinta —dijo Jacobo—, no estás mucho mejor que él.
Alejandro vació de un trago el whisky, ladeó la cabeza hacia Salvador.
—¿Y a ti qué te pasa? —Era raro verlo ahí; últimamente vivía pegado a Martina. Siempre que lo buscaban, “ocupado”.
—Tch. —Salvador bufó, duro—. A las mujeres no hay que malacostumbrarlas. ¿Quién acompaña a alguien todos los días?
Alejandro soltó una risa corta.
—No es que tú no la acom