Capítulo 1228
—¿De verdad? —Salvador se cubrió la boca y se echó el aliento.

—No huele tanto; tomé poquito. Si no te gusta, me baño y vuelvo limpio.

Dicho eso, le rozó los labios con la yema de los dedos.

—A servir a la doctora Hernández.

Martina le lanzó una mirada en blanco. Él ya reía mientras se levantaba rumbo al baño.

***

De madrugada.

Salvador despertó porque ella se movía sin parar en sus brazos.

—¿Martina?

Se retorcía y gemía bajito. Tanteó el teléfono, encendió la luz grande y la vio hecha ovillo, l
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