En la casa había climatización 24 horas; acostados cuello con cuello, el calor empezaba a sentirse.
Sin embargo, no terminó ahí.
—Marti.
Salvador susurró su nombre, muy bajo, como comprobando si ella ya dormía.
Martina no respondió; no sabía qué pretendía.
—Marti…
Volvió a llamarla y, enseguida, un beso tibio le cayó en la piel del cuello. Martina abrió los ojos de golpe.
Poco a poco, él apretó la intensidad.
Probó de todo…
Al final, Martina no aguantó. —¿Vas a dormir o no?
El hombre no se detuv