Martina lo detuvo a prisa, azorada e insegura. —¿Qué estás haciendo?
—¿Qué pasa?
Salvador no vio nada raro. —A Julia la contraté para cuidarte. Si no quieres que te cuide, lo lógico es despedirla.
Lo dijo con ligereza, como si hablara de algo sin importancia.
—Si ella no te gusta, te consigo otra mejor…
—¡No!
La serenidad de él la asustó.
¿Qué tenía que ver una empleada con lo de ellos? ¡Qué hombre tan peligroso! Sabía perfectamente dónde apretarla… y lo hacía con toda facilidad.
Martina no tuvo