La cargó hasta la recámara principal y primero la dejó en el sofá.
—Los muebles no puedo cambiarlos ahora; empecemos por las sábanas. No tengo de color, pero tengo lisas, blancas… ¿Te va bien en blanco? Si no, mando a comprar ahora mismo.
Vaya que no le pesa complicarse.
Lástima que toda esa paciencia no fuera realmente por ella.
Ante los ojos de Martina apareció el rostro de Estella Moretti…
—Como quieras.
De pronto todo le pareció absurdo: ¿qué estaba haciendo? Si ya sabía que era una sustitut