Martina volvió a quedarse helada por su descaro autoritario.
—¡Salvador, no te pases! Entre hombre y mujer cuenta que ambos quieran; ¿ni siquiera puedes darme el respeto mínimo?
¿Lo que ella no quiere, de verdad pretende imponérselo?
—¿Respeto?
A Salvador se le ensombreció fugazmente la mirada.
—¿Y no te respeto? Esperé tres años hasta que dijiste que sí y quisiste estar conmigo. ¿Te forcé en ese tiempo?
Martina se quedó muda.
—Ja.
Con una sonrisa helada apenas marcada, Salvador dijo: —Para est