—¡Salvador Morán!
A Martina se le fue el sueño; el coraje le dejó la cara pálida.
¿Qué pretende?
Ya estaba todo sobre la mesa; ¿de verdad quería pasar por alto lo de anoche como si nada?
—¡Bájame!
—Está bien.
Al llegar al baño, Salvador la dejó en el suelo, pero igual la mantuvo rodeada entre sus brazos.
Martina sintió la rabia subir en oleadas. —¿Qué es lo que quieres?
—¿Y ahora qué?
Salvador, con cara de inocente: —Me pediste que te bajara, ¿no? Ya te bajé. ¿También me vas a regañar por obedec