—¡Salvador Morán!
A Martina se le fue el sueño; el coraje le dejó la cara pálida.
¿Qué pretende?
Ya estaba todo sobre la mesa; ¿de verdad quería pasar por alto lo de anoche como si nada?
—¡Bájame!
—Está bien.
Al llegar al baño, Salvador la dejó en el suelo, pero igual la mantuvo rodeada entre sus brazos.
Martina sintió la rabia subir en oleadas. —¿Qué es lo que quieres?
—¿Y ahora qué?
Salvador, con cara de inocente: —Me pediste que te bajara, ¿no? Ya te bajé. ¿También me vas a regañar por obedecerte? Doctora Hernández, qué carácter.
Se rio por lo bajo. —No hay problema: mientras no terminemos, en lo demás te doy la razón.
Martina alzó la cabeza de golpe y lo fulminó con la mirada.
—Dicen que en las rupturas se ve la talla de una persona… Salvador Morán, este eres el verdadero tú, ¿no? ¿Qué caballero ni qué niño bien? Un caballero de verdad dejaría ir a su ex sin drama.
El aire se quedó mudo dos segundos.
—Ajá.
Salvador asintió despacio. —No te equivocas, pero eso aplica si hay ruptura.