Capítulo 1208
Él la levantó en brazos y salió afuera.

En la mesa del comedor, el desayuno ya estaba servido.

Salvador la sentó en la silla y empezó a darle de comer con el tenedor, como si fuera una niña incapaz de valerse por sí misma.

—A ver, abre la boquita. Eso, come.

Martina bajó la mirada; sin verlo, abría la boca de manera mecánica.

Al poco, llegó gente.

Era Manuel Pérez, con otras dos personas.

—Señor.

—Ajá. —Salvador asintió y señaló hacia adentro.

—Saquen las maletas. Lo demás no lo toquen: todo irá
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