—Ja, ja… Está bien, voy a portarme bien.
Miguel le acarició la cabeza a Alba con ese cariño consentidor.
Alba no se quedó mucho; Miguel tenía tratamiento por la noche y no quería que la niña se asustara.
Alejandro la abrazó y la llevó hasta el auto.
—Papá. —Alba lo rodeó con los brazos, sin ganas de soltarse—. La próxima vuelvo. Tienes que extrañarme y no olvidarte de mí, ¿sí?
—¿Cómo crees?
Alejandro soltó una risa leve. —Nunca voy a olvidarte.
—¡Ajá!
Al oírlo, Alba se echó a reír. —¡Papá, nos v