Capítulo 1198
—Ja, ja… Está bien, voy a portarme bien.

Miguel le acarició la cabeza a Alba con ese cariño consentidor.

Alba no se quedó mucho; Miguel tenía tratamiento por la noche y no quería que la niña se asustara.

Alejandro la abrazó y la llevó hasta el auto.

—Papá. —Alba lo rodeó con los brazos, sin ganas de soltarse—. La próxima vuelvo. Tienes que extrañarme y no olvidarte de mí, ¿sí?

—¿Cómo crees?

Alejandro soltó una risa leve. —Nunca voy a olvidarte.

—¡Ajá!

Al oírlo, Alba se echó a reír. —¡Papá, nos vemos!

—Nos vemos, mi pequeña.

De vuelta en la habitación, Miguel ya estaba en tratamiento; y con él, llegó el dolor.

Alejandro se sentó junto a la cama. Miguel lo miró. —Alejandro, hazme caso: no te quedes aquí todos los días.

—Abuelo… —Alejandro frunció el ceño, reacio a aceptar.

Abuelo y nieto sólo se tenían el uno al otro. En un momento así, ¿cómo iba a dejarlo solo?

—Sé lo que estás pensando —dijo Miguel.

Hizo un gesto con la mano. —Piensa en mí también: si te veo así de agotado, ¿crees que
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