—¿No lo vas a reconocer? ¿Crees que así cambias los hechos? ¡Domingo es sangre de los Guzmán! Con una prueba de paternidad, la ley te va a obligar a aceptarlo.
Alejandro empujó la puerta y se encontró a Marisela gritándole sin respeto a su abuelo.
Fue directo, la tomó del brazo y la jaló hacia afuera.
—¿Sabes dónde estás? ¿Crees que aquí puedes hacer tu numerito? ¡Lárgate! ¡Ahora mismo!
Al verlo de cerca, Marisela se quedó helada.
—Tú… Alejandro, ¿tú y Domingo de veras…?
—¡Fuera! —no quiso oírle