Luciana había estado tan volcada en cuidar a Alejandro que, en esos días, “desatendió” un poco a Alba. Después de cenar le dio un baño, le leyó un cuento y la dejó dormida.
Cuando regresó a la recámara principal, Alejandro acababa de salir de la ducha: se apoyaba en el bastón con una mano y con la otra se secaba el cabello.
—Déjame hacerlo yo. —Luciana se acercó y le quitó la toalla.
Él se dejó caer en el sofá; ella le envolvió la cabeza y empezó a frotar con cuidado.
—¿Qué te cuesta usar la sec