Capítulo 1121
—Bueno, bueno.

Con un Alejandro tan susceptible, había que “acariciarlo a favor del pelaje”. Luciana le sostuvo el rostro y posó los labios en los de él.

—Mmm…

Y como ya estaban pegados, no fue tan sencillo detenerse.

Cuando se separaron, ella tenía las mejillas encendidas y respiraba rápido; en cambio, el señor Guzmán —todavía con antídoto en vena— sonreía tan fresco como si nada.

Luciana arrugó la nariz; él bromeó:

—Tengo buen pulmón. Ese veneno no me hace cosquillas.

—Sí, sí… el más fuerte de
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