Estiró el brazo con todas sus fuerzas para alcanzar la mano de él.
Parecía tan cerca… y a la vez tan lejos.
Al fin rozó sus dedos y los apretó. Las lágrimas brotaron como un torrente.
¿Terminaría todo allí, juntos, ese mismo día?
Curiosamente no sintió miedo, solo la punzada de lo que quedaba pendiente…
¿Y Alba? —pensó—. El abuelo Miguel la cuidaría, pero ¿cuánto tiempo le queda?
—Alba… —susurró.
Y Fernando… ella no llegaría a verlo despertar.
—Ale… —musitó.
Sin energías, se aferró a su mano y c