Capítulo 1103
Toc, toc.

La puerta se abrió suave. Era la voz de Juan:

—Alejandro…

¿Habían vuelto? ¿Traían noticias de Luciana?

Alejandro deslizó a Alba sobre la cama; por suerte dormía profundo y no protestó.

Fuera, Juan lucía solemne, palabras atascadas en la garganta. No hacía falta que hablara: la respuesta estaba escrita en su cara.

—Alejandro… —balbuceó al fin—. Está el comisario afuera; quiere hablar contigo.

El caso era demasiado grande para no dar la cara.

Alejandro se alisó la ropa y bajó.

—Señor Guz
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