—¡Me encanta! —Alba respondió sin duda—. ¡Tienen que quererse para siempre!
—Claro —Alejandro sonrió—. Yo te lo prometo.
—¡Eres el mejor!
***
Llegaron a Maldivas a las ocho de la noche.
La diferencia horaria con Ciudad Muonio es de unas horas, así que allí ya eran las once; al aterrizar, Alba volvió a quedarse dormida.
Eligieron no volar a Australia, sobre todo por Alba: un desfase mayor la habría agotado y, con la adaptación al clima, sería aún peor.
La idea de Alejandro era: «En adelante saldr