Ah, cierto: ante mamá no podía decir “papá”.
—El tío me tomó la mano y me fue guiando.
—¿Y le diste las gracias a él?
—¡Claro! ¡El tío es genial!
Luciana sintió un nudo en el pecho.
Llevaban poco tiempo en la villa Trébol, pero era evidente lo mucho que Alejandro quería a Alba.
Algunos nacen con madera de padre; él era de esos.
Patricia se asomó.—Señor Guzmán, doctora Herrera, la cena está lista. ¿Les parece?
—Perfecto.
—¡A comer! —Alba dejó el cuaderno y tiró de Alejandro—. Tío, a lavarnos las