—Cuéntame más. ¿Alguien te sigue? ¿Qué clase de persona?
Luciana cerró los ojos un instante, tratando de precisar.
—Creo… que es una mujer.
—¿Una mujer? —Simón frunció el ceño; no esperaba esa respuesta.
—Sí —Asintió—: Porque lo sentí incluso cuando fui al baño y al vestidor.
Quien la acompañara a esos lugares, si no era mujer, sería un depravado.
—Sube —dijo Simón, aún sosteniendo la puerta—. Ya que la detectaste, averigüemos qué clase de monstruo es.
—Bien.
Sin embargo, al avanzar con el coche