Capítulo 1041
—¿Eh?

—¡Rápido! —sin esperar réplica la acomodó sobre su espalda y arrancó a toda velocidad.

Al principio ella protestó, avergonzada:

—Bájame, mejor camino…

—¿Para que me retrases? —replicó sin aflojar el paso.

Martina abrió la boca… y la cerró de golpe cuando un ladrido desgarró la noche.

—¡Guau! ¡Guau-guau!

Se aferró a sus hombros.

—¿Qué fue eso?

—¡Por Dios, señorita Hernández! ¿Ahora no reconoces un perro? —la regañó, medio divertido—.

—¡Claro que sí! Pero suena furioso. ¿Por qué hay perros a
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