Recién llegada a Frankbram, Luciana debía mantener a Alba. No tenía dinero para niñera ni para guardería, así que llevó a la niña a cada empleo. Consiguió turno nocturno en un supermercado: de día descansaba y estudiaba para ingresar a la universidad; de noche cobraba. Era duro, pero ella había sido adulta desde los ocho años, cuidando de su hermanito Pedro: el sacrificio no le asustaba.
Hasta que ocurrió.
—Luciana les partió la cabeza a dos y la policía se la llevó —terminó Salvador, con la voz