Vlad sacó a Pia de la jaula donde estaba y la sentó en una silla, amarrando sus manos y piernas. Yo me acerqué a ella y me incliné un poco para mirarla directo a los ojos.
—No mereces morir, tu castigo debe ser diferente —le dije.
Ella me escupió en la cara. Yo me limpié y después le di una bofetada. Quería que ella sufriera, necesitaba escuchar sus gritos de súplica mientras yo la torturaba.
Mi celular sonó. Lo saqué del bolsillo y me sorprendí al ver quién era, ya que este número era nuevo. F