Entre la preocupación por la salud de Mikhail y las idas al hospital, tres semanas pasaron rápidamente. Yo estaba cansada, pero aún así me levantaba todas las mañanas para ir a ver a Mikhail, aunque en ocasiones su madre se molestara.
Mikhail empezó a quejarse. Yo lo miré desde el sofá. Estaba de mal humor; hace una semana había despertado, y verse así fue desastroso para él. No podía moverse, estaba acostado boca abajo, y era bastante gracioso verlo pelear con su madre cada vez que quería leva