Mikhail se quedó en silencio otra vez y lo moví un poco. Él se quejó débilmente y respiré aliviada por un momento.
—No moriré —me dijo con voz ronca, apenas un susurro.
Respiré hondo y aclaré mi garganta, intentando sonar más tranquila de lo que me sentía.
—Eso espero. Tienes que pagar por el mal rato que me has hecho pasar —le dije, forzando una sonrisa que se desvaneció rápidamente.
De repente, Mikhail volvió a quejarse y su cuerpo comenzó a moverse convulsivamente. Las lágrimas empezaron a c