Salí del hospital con más problemas de los que ya tenía: un perro, veinte euros y un bebé que, aunque aún no había nacido, ya consideraba como el mayor problema de todos. Dios mío, si Fabien se enteraba de su existencia, me lo arrebataría y lo criaría como lo criaron a él. Acaricié un poco mi vientre, el niño era el mayor problema de todos. Mi hijo viviría una vida feliz, alejado de él, de esa familia.
Respiré profundamente y miré el horizonte. Lo primero que tenía que hacer era salir de Sicili