C62-LA VENGANZA ES DULCE, PERO EL PODER ES ETERNO
Tadeo se soltó de su agarre y la empujó hacia atrás, con un movimiento que, aunque suave, denotaba una firmeza innegociable.
—Estoy bien —sentenció, intentando cerrar el tema.
Ximena, sin embargo, negó con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a correr desbocadas por sus mejillas.
—No estás bien, Tadeo. ¡Deja que te ayude!
Él la miró directamente a los ojos y, por un segundo, la dureza en su mirada se suavizó, revelando un destello de vulner