C3 - CONDICIONES—Me lo voy a quedar, chula. Y no hay poder en este pinche mundo que me lo quite, ni siquiera tú.Emma sintió que el suelo se abría bajo sus pies. El aire se le atascó por completo en la garganta mientras las palabras de Santiago le rebotaban en el cerebro en un eco ensordecedor: «Me lo voy a quedar. Me lo voy a quedar».—No... —susurró, negando con la cabeza floja—. No, no, no...La voz se le quebró por completo y se llevó las manos al pecho, apretando la tela de su blusa, tratando inútilmente de contener el dolor que le desgarraba las costillas.—¡No puedes quitármelo! ¡Es mi bebé! ¡Lo llevé nueve meses en mi vientre! ¡Es mío!Santiago ni se inmutó; permaneció de pie con una calma gélida, mirándola como si ella fuera simplemente un problema de logística que acababa de resolver.—Ya lo decidí, güera, y no hay vuelta atrás.Algo se rompió definitivamente dentro de Emma en ese segundo, pero el dolor dio paso a una rabia volcánica. Ella jamás lo había dejado por voluntad
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