C58-HACEMOS OTRO CHAMACO
Emma dormía boca abajo, con las sábanas rojas de satén apenas cubriendo su cintura. Santiago, contemplándola en silencio, se inclinó sobre ella para besarle la nuca con suavidad.
Ella murmuró algo entre sueños, sin llegar a abrir los ojos, lo que provocó una sonrisa en él, quien procedió a besarle la mejilla, cada vez más cerca de sus labios.
—Abre tus ojitos, mi alma —susurró.
Emma sonrió sin despertar del todo.
—¿O quieres que te cante las mañanitas? —añadió él.
Ella s