C14-UNA PINCHE STANTON
El silencio que siguió fue absoluto.
Los hombres de Esteban llevaron las manos a sus armas, pero Héctor ya había entrado al despacho con su propia pistola desenfundada, apuntando al más cercano.
—Nadie se mueve —ordenó—. O aquí se arma la masacre.
Los socios de Michoacán se echaron hacia atrás en sus sillas, con las manos levantadas en señal de neutralidad. Esto era un problema familiar y ellos no iban a meterse. Esteban no soltó el brazo de Emma, y luego sus ojos se clava