C13-SUÉLTALA
Santiago bajó las escaleras a zancadas mientras se abotonaba los puños de la camisa limpia. Tenía la mandíbula tan rígida que los músculos del cuello se le marcaban bajo la piel.
Héctor lo esperaba al pie de los escalones con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos fijos en el pasillo.
—¿Por qué chingados llegó antes el viejo? —Santiago se detuvo en el último peldaño, clavándole la mirada—. Se suponía que caía mañana.
Héctor se rascó la barba y dio un paso al frente, bajando l