Capítulo 46. Un Rey, Una Espada
—Firme aquí, señor Abraham, y todo el futuro financiero de Diego quedará garantizado hasta su mayoría de edad.
La voz monótona del abogado de la familia rompió el silencio del amanecer en la suite VVIP. Alejandro estaba sentado con la espalda erguida, sin mostrar rastro de fatiga a pesar de las ojeras que enmarcaban sus ojos. Deslizó una pluma costosa sobre el grueso papel con un trazo firme. Cada línea era una declaración de poder que nadie podía cuestionar. Observó el documento una vez más a