Capítulo 57. Huellas Borradas por la Lluvia
—No hagas ruido, Felix, por favor, ahora no.
Elara presionó su espalda contra el tronco rugoso de un roble. La corteza del árbol raspaba su fina bata de baño, provocándole un ardor que decidió ignorar. Frente a ella, los matorrales empapados eran la única barrera entre su vida y la muerte. El destello de las luces de xenón de la caravana de guardaespaldas de Alejandro barrió las ramas sobre su cabeza. Aquella luz blanca era tan intensa que parecía capaz de desnuudar la oscuridad del bosque. El