Gregory esboza una media sonrisa.
—De este y de cinco más en toda la costa.
Ana siente un leve mareo. No se esperaba algo así. De pronto, todo cobraba sentido: su confianza, su presencia imponente, la manera en que todos parecían tratarlo con respeto y que tuviera un cuidado especial hacia ella.
—Mejor me voy —dice, intentando bajar de su regazo. No quiere tener nada que ver con un ricachón millonario y encima un mujeriego de mierda.
Gregory no la suelta. En cambio, la mira con intensidad y des