—No me conoces. No sabes nada de mí.
—Sé que eres una Omega hermosa y especial, escribes mucho, mientras vigilas a tus hijos. Sonríes con ternura a tus hijos, aunque me fijé que pareces solitaria y sola. Y sé que ese anillo no te detendrá si decides ser honesta contigo misma.
Ana se queda muda. ¿Había sido tan transparente?
—Quedate conmigo está noche —le dice él, con un tono que no admitía discusión.
—No debo…
—Pero veo que quieres —asegura Gregory—. Porque necesitas un respiro, Ana. Solo eso.