Beatriz llamó un jueves por la mañana, cuatro días después de la reunión en el despacho de Marcos Aguirre, con una voz que Ximena reconoció de inmediato como la voz que usaba cuando había decidido decir algo que le costaba.
—Necesito pedirte algo —dijo Beatriz.
—Dime.
—Que vengas a verme. A la casa. Cuando Roberto no esté.
—¿Cuándo no está?
—Los jueves por la mañana tiene reunión en Santa Fe que dura hasta el mediodía. Puedes venir a las diez.
Era miércoles. El plazo era corto pero deliberado. B