La tormenta llegó un martes por la noche con la insistencia de noviembre que no avisa.
Ximena estaba en la terraza del penthouse cuando comenzó, con un libro que había abandonado quince minutos antes en favor de mirar la ciudad iluminarse contra el cielo que se oscurecía. Le gustaban las tormentas en Ciudad de México por razones que no había articulado completamente pero que tenían que ver con que la lluvia era el único fenómeno capaz de hacer que la ciudad se detuviera aunque fuera momentáneame