El aroma a café recién hecho fue lo primero que penetró la conciencia de Cassandra. Luego, el dolor sordo en su cuello por haber dormido en ángulo imposible en el sofá. Finalmente, la conciencia de que alguien la estaba observando.
Abrió los ojos lentamente, parpadeando contra luz matinal que se filtraba por las ventanas. Sebastián estaba sentado en el suelo junto al sofá, exactamente donde había estado cuando se había quedado dormida llorando. Su cabello estaba despeinado, su camisa arrugada,