Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina de Sebastián en el piso dieciséis había adoptado la atmósfera de un refugio involuntario. Eran las nueve de la noche del jueves, y las luces fluorescentes proyectaban un resplandor artificial sobre el escritorio de caoba donde se acumulaban informes sin revisar, análisis farmacológicos que requerían su firma, y una taza de café frío que había perdido cualquier pretensión de ser bebible horas atrás.







