En la pantalla apareció la primera imagen: una foto de ella y Sebastián abrazados, que a primera vista parecía absolutamente íntima y sin fisuras. Para un observador común, podría parecer real, pero quien tuviera experiencia podía notar al instante la irregularidad de la iluminación: las sombras no se ajustaban del todo a las siluetas de las personas.
—Mira las fechas —sollozó Danaé, deslizando el dedo por la pantalla para cambiar de imagen una y otra vez—. Todas son recientes. Cada una prueba