El avión surcaba las nubes sobre los Alpes suizos cuando Cassandra sintió el peso de la mirada de Iván posándose sobre ella como una caricia no solicitada. Él había insistido en que ocupara el asiento junto a la ventana, alegando que "las mentes brillantes merecen las mejores vistas", mientras desplegaba esa sonrisa que parecía sacada de un catálogo de caballeros perfectos.
—El paisaje desde aquí debe recordarte por qué vale la pena perseguir la excelencia —murmuró Iván, inclinándose lo sufici