Las cartas llegaron como cuervos mensajeros de mal agüero. Primero una, luego dos, hasta convertirse en un aluvión diario que Cassandra encontraba deslizándose bajo la puerta de su habitación cada mañana. El papel con membrete de los Montemayor se había vuelto tan familiar como el sabor amargo del café que ya no lograba pasar por su garganta.
"Cassandra, las pruebas son irrefutables. Sebastián está usando información privilegiada para atacar nuestros negocios. Tu posición como su esposa lo con